LA HISTORIA DEL CÓMIC ERÓTICO. Parte 2: Las tragedias fomentan el deseo

4 Octubre, 2016

LA HISTORIA DEL CÓMIC ERÓTICO. Parte 2: Las tragedias fomentan el deseo

Continuamos con la revisión a la historia del cómic erótico, esta vez hablaremos de las Biblias de Tijuana, Rolf Armstrong, Alberto Vargas, George Petty y Norman Pett. Obviamente, no apto para menores de 18 (#YeahRight) y si quieren la parte 1, hagan clic acá.

PARTE II: Las tragedias fomentan el deseo

Pasemos a los años 20. La era del Jazz, el opio y la mota que sirvió como preludio a la Gran Depresión, ese momento tan terrible de la historia de la economía mundial que hizo que los norteamericanos buscasen placeres fuertes para contrarestrar las miserias trágicas del día a día. Durante esta década el erotismo se hizo un poco más picante y estuvo especialmente presente en Estados Unidos, en las ahora perdidas Biblias de Tijuana, pequeños libros de historietas en las que dibujantes anónimos mostraban las aventuras sexuales de personajes populares de la época, llamadas así porque por ser ilegales se creía que eran impresas en Tijuana. Estos libritos de historietas eran sexistas, racistas y todo lo que la cultura PC rechaza hoy en día. Pero eran populares. Bastante. Y tanto que ya era como el pan de cada día que los historietistas las condenasen pues las detestaban por ser algo que ellos consideraban denigraba a su oficio. Otros como Wesley Morse (el que creó a Bazooka Joe, por si acaso) hablaban mal del asunto y en las sombras ayudaban a dibujarlos y hasta son recordados como prolíficos dibujantes de este tipo de historieta…porque más allá de lo incorrectos que podían ser…pues, que les digo, se vendían bien. Y eso ponía en problemas a los dibujantes puesto que necesitaban sobrevivir en una economía que les pagaba muy mal, a tales extremos que cuando a Will Eisner le ofrecieron hacerlos se dio el gusto de decir que no lo haría por una decisión moral. Lo gracioso es que si leen algunas de estas Biblias de Tijuana es muy probable que no se escandalicen tanto, puesto que hoy por hoy son la clase de cosas que se muestran, menos gráficamente, en las películas más vulgares de comedia, por poner un ejemplo.

Las Biblias de Tijuana tuvieron popularidad durante 40 años, con una superior notoriedad durante los miserables momentos de la Gran Depresión, porque era divertidas en una sociedad que vivía torturada por la economía decadente y que no tenían un televisor con el cual distraer la cabeza al borde del olvido. Era arriesgado, además. Era sentir ese vértigo delicioso de estar viendo algo que, supuestamente, era condenado por esa noción de lo “aceptable” dentro la sociedad, pero es justo eso lo que hace que, desde una perspectiva, puedas ver a las Biblias de Tijuana como algo erótico, algo que de alguna forma te sacaba de las emociones comunes y, a través del deseo sexual, introducía un cierto vértigo en tu vida. En las Biblias veías a famosos en situaciones sucias y fantasías picantes que mostraban que hasta el más feo podía conseguir estar con la mujer más hermosa de todas. Estas Biblias, o “8 pagers”, pues de inicio solo tenían ocho páginas, por lo general presentaban historias mal pensadas, pobremente dibujadas, peor redactadas y cuya calidad era más cercana a la de una fotocopia durante los 90’s. Ya luego, durante los 30’s, los 40’s, los 50’s y los 60’s, el concepto no se movió mucho de estos humildes orígenes, y de hecho se sostuvo gracias a las diferentes crisis que asolaban a la población. Ya sea la resaca de la Gran Depresión, la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, todas las situaciones afectaban al público norteamericano al punto de que encontraban la excusa perfecta para “traspasar límites”. Esta popularidad permitió que muchos autores, que luego serían figuras claves de la industria del cómic, desarrollasen sus habilidades. Hasta existen leyendas urbanas, de las que la más famosa es la de Mr. Prolific, un autor de Biblias de Tijuana, activo del 32 al 39, que podía imitar cualquier estilo de dibujo y que producía una cantidad obscena de historietas y que todos teorizan que era Doc Rankin. O la leyenda de Blackjack, la artista que Gershon Legman juraba que era una mujer (tremenda sorpresa para la sociedad de esa época). También están las muchas leyendas de los orígenes de estos libritos, que ni siquiera el gran Art Spiegelman ha podido definir con total seguridad. 

                     

En las biblias de Tijuana era habitual leer las aventuras de Blondie y Dagwood, John Dillinger, Popeye, personajes de Disney, Anita la Huerfanita, Cary Grant, Rita Hayworth, Gandhi, Hitler. Todo era “tijuaneable” y respondía a la famosa regla 36 que los de 4Chan creen que inventaron. Todo es sexualizable, todo puede ser representado gráficamente cometiendo los más sublimes y los más perversos actos sexuales que podían caber en la imaginación de los autores de estos libritos. Ahora, muchos consideran que las Biblias de Tijuana son más una entrada en la pornografía, pero creo que es importante recordar que los años 20 eran una temporada de desenfreno para algunos de los estratos más underground de la sociedad (o sea los pobres) y que la clase media ya empezaba a levantar esa su carita con pucheros en contra de todo lo impúdico e inmoral. Lo cual siempre ocurre, pero que en esta ocasión, diríamos, no fue el puchero sexy que te hacen para convencerte de algo, fue el otro, el que más se parece al ceño fruncido de un cura mirándote con gravedad mientras te confiesas. Entonces tenías a los pobres bailando felices al ritmo del jazz y a los clase media envidiándolos hasta que la Gran Depresión los puso a todos al mismo nivel, aun si la clase media se seguía sintiendo más cerca de los ricachones. Así se hicieron consumidores más activos de las Biblias de Tijuana, lo cual era irónico porque eran los padres de las familias clase media los principales consumidores de estos escapes a las moralinas de la época. He ahí su importancia. Pensar fuera de las reglas, retarlas de repente, sentir el calorcito en el rostro mientras leías las aventuras eróticas de Mickey Mouse, el mismo Mickey al que tus hijos amaban tanto y al que tú, “amo” y “señor” de la casa, querías destripar porque te cansaba ver sus juguetes en cada centímetro de tu hogar, ese al que tus hijos hacían hablar con voz chillona y estridente mientras tu esposa te gritaba desde el piso inferior, acaso preguntándose porqué te tardabas tanto en el baño. Lo erótico, también, tiene un tinte pícaro y morboso, algo de límites traspasados tiene que haber para que funcione con eficacia y las Biblias de Tijuana eran una pequeña forma de lograr esto, precisamente. Quizá no tenían la finura que muchos asocian con el erotismo, quizá hoy en día puedan ser leídos desde el sexismo, pero es innegable su contribución al desarrollo del pensamiento erótico. No solo porque los padres de familia encontraban un refugio a tanta moralidad, un escape a sus realidades a través del placer y el deseo sexual, sino porque cuando estos padres de familia escondían sus Biblias de Tijuana, quienes las encontraban eran sus hijos, pequeños o adolescentes, que de pronto eran introducidos al mundo del deseo sexual, al mundo de traspasar los límites establecidos por lo legal y de ahí nacieron uno o dos exponentes del mundo del erotismo o la pornografía. Incluso del cómic, pero no muchos admitieron esto, ni tampoco es de conocimiento popular que estas historias pornográficas son los precursores del cómic underground.

Pero mientras algunos artistas se daban el gusto de hacer historias, digámosles, prosaicas, otros buscaban formas de que la gente pudiese apreciar la sensualidad de una manera más aceptada socialmente. Al menos eso hacía Rolf Armstrong (1889-1960), uno de los padres del pin-up, quien empezó a compartir sus diseños en calendarios excitantes pero socialmente permitidos que traían esa combinación de iluminación bien hecha, colores vívidos y, claro, modelos hermosas. En una sociedad machista la única sexualidad que compraba y vendía era la que revolucionaba alrededor de las preferencias masculinas, y las chicas pin-up tenían una estética que los hombres apreciaban y que podían disfrutar abiertamente. Bueno, a ver, no tan abiertamente, pero ustedes entienden. Armstrong era un perfeccionista que se negaba a pintar basándose en fotografías y que elegía con rigor a las modelos que representaría en sus pinturas, llego a pintar a grandes actrices como Greta Garbo, Marlene Dietrich, Katherine Hepburn e incluso convenció a Boris Karloff de que pose para él. Sus pinturas vendían tanto que hasta se puso una mansión donde pintaba a modelos todo el día mientras sus amigos se divertían con los barcos de su propiedad. Su trabajo era muy popular y se vendía muy, pero muy, bien. Pero su contribución sería más del lado de lo que inspiró en artistas como Alberto Vargas (1896-1982) y George Petty (1894-1975).

                    El buen Vargas.

Mucho más atrevidos que Armstrong, ambos artistas fueron muy importantes para el arte pin-up y para el desarrollo del arte erótico en general. Petty sería el autor de la Chica Petty, una de belleza idealizada e inconseguible, calificada como una diosa de la hermosura y el deseo que era dibujada con un realismo caricaturezco en sus proporciones, mientras que los hombres que la rodeaban eran simples caricaturas (algo así como Roger y Jessica Rabbit), mientras que Vargas era más popular como artista de las colas de los aviones que sobrevolaban Europa durante la Segunda Guerra Mundial. Hijo de un fotógrafo peruano, Vargas tuvo una epifanía en un viaje que hizo a París junto a su padre, cuando a sus manos llegó un número de La Vie Parisienne, con portada hecha por Raphael Kirchner. Ese sería el primer momento definitorio de su arte, siendo el segundo, según lo que cuentan las leyendas, cuando se vio rodeado por muchas secretarias en una calle cerca a Broadway. Al parecer a Vargas lo emocionó mucho ver tanta sofisticación, belleza y gracia que, en la onda de historieta de superhéroe, juró que dedicaría su vida a glorificar a la mujer americana. Pero el éxito llegaría cuando fue contratado por el show Ziegfeld Follies para que pintase veinte cuadros de las Ziegfield Girls, es decir las hermosas coristas y bailarinas con que se acompañaba el variado acto de este legendario show norteamericano. A partir de entonces hasta los estudios cinematográficos contrataban a Vargas para pintar a actrices como Jane Russell, Ann Sheridan, Ava Gardner, Linda Darnell, Marlene Dietrich, Loretta Young y Marliyn Monroe. Luego de este y muchos trabajos más, Vargas trabajaría para Playboy, convirtiéndose en su artista primario y produciendo arte más atrevido para estándares morales más sueltos que cuando empezó su trabajo, pues mostraban poses explícitamente sexuales. Vargas fue legendario en el mundo de la ilustración erótica. Era un artista que amaba su trabajo y que produjo muchísimo, al menos hasta la muerte de su esposa, tras la cual ya no quiso pintar.

Petty, por su lado, fue muy popular con su Chica Petty, especialmente del 33 al 57, a tal punto que hasta le hicieron un film el año 50, titulado simplemente “The Petty Girl”. La Chica Petty se estrenó en la revista Esquire pero su repentina popularidad la llevó a postales, posters y calendarios que el público (masculino) compraba clamando que cuando tocabas el dibujo de una Chica Petty hasta casi podías sentir su pulso. Sí, claro. Lo cierto es que la borrachera de bragueta era fuerte en esos tiempos. Pero esto fue aprovechado por los altos mandos del ejército norteamericano y británico durante la Segunda Guerra Mundial, que repartían imágenes de la Chica Petty, y la chica Vargas también, entre sus tropas para levantar la, o sea, a ver, “moral”. Fuera de las publicaciones repartidas entre soldados, el hogar principal de la Chica Petty fueron Fawcett Publications, durante los 40’s, y Esquire, durante los 50’s. Petty creaba sus ilustraciones usando modelos a los que alteraba ligeramente sobre el papel, poniéndoles figuras diferentes, hasta mezclando características de otras modelos para poder ccrear lo que él consideraba el cuerpo perfecto. Las Chicas Petty eran monstruos, como el de Frankenstein, que nunca se volvieron en contra su creador y más bien le dieron fama de tener un toque mágico que nadie pudo emular. Y ya que estamos en esas, cabe aclarar que ellas tampoco reaccionaron como el monstruo de Frankenstein frente a su creador.

                     Chica Petty  

Pero ambos eran representantes de lo que son las ilustraciones, imágenes sin más historia que la que puedes intuir de sus ornamentos. Y si bien ya hubo comics anteriores a Jane de Norman Pett (1891-1960), este es importante dentro la evolución de lo erótico no solo por su forma de retratar la inocencia, sino porque cautivó a muchos con las historias que vivía Jane, tanto como con su propiedades más eróticas. Jane era una jovencita que se metía en problemas por su exagerada ingenuidad y cuyas peripecias la dejaban sin ropa. Con su fiel perrito Fritz, Jane Gay era ese tipo de personaje que siempre quiere estar alegre y que se popularizó en tiempos de la Segunda Guerra Mundial pues subía la moral de un público que reía con su ingenuidad y soldados que disfrutaban los momentos en que Jane quedaba en su ropa interior. En 1943 Jane, declarada por Churchill como el "Arma Secreta de Gran Bretaña", fue desnudada completamente y con eso levantó la moral (y algo más) a la 36ava División del Ejército Británico, aun si luego de ese momento la gente confesaría que lo que más disfrutaban de Jane no era tanto que se le viesen partes del cuerpo al desnudo, sino que era todo lo que no veían lo que los enganchaba tanto a las historias del personaje. Esto es vitalmente importante pues denota una preferencia por lo sensual por encima de lo obvio, los soldados que caían – en realidad a quienes hacían caer – en ese estereotipo fácil de ser motivados por fotos y dibujos de mujeres sin ropa, de pronto venían a decir que las preferían vestiditas. Pero no era solo que los soldados prefiriesen ser provocados con poca ropa que por desnudos, ni que la distribución de estas historietas por la guerra las hayan llevado a Europa entera, además de Estados Unidos, lo que de verdad hizo que Jane tuviera un status legendario que nunca pudo ser igualado, por mucho que otros autores trataron de utilizarla, era lo que Pett llamó “el desnudamiento de Jane en dos sentidos del término” cuando en lugar de hacer historietas de 4 viñetas autoconclusivas, comenzó a hacer una historia continua que podías seguir y que le daban un contexto y una trama a Jane Gay. Esto llevó a que se esperase el momento de loca ingenuidad que la dejaría calancha, tanto como la continuación de la historia, los periplos en los que se metía este atractivo personaje. Los soldados disfrutaban tanto de las historias y, no nos mintamos, los dibujos de la sensual Jane que hay una historia de un submarino en sus momentos finales que ante la vista de la muerte decidieron pasar sus últimos momentos leyendo el cómic del buen Norman. Lo interesante es que la primera bomba sexual de Gran Bretaña, la modelo Christabel Leighton-Porter no fue tan conocida como el dibujo que Norman hacía basándose en ella, mientras que miles de soldados esperaban con ansias los cómics que les llegaban por adelantado para enterarse qué aventura tendría su alter ego de los cómics. Finalmente Pett retiró a la hermosa Jane, dejándola felizmente casada, y pronto otras revistas intentaron emular su estilo en pos del mismo éxito, ya sea intentando sin éxito usar a Jane, como creando a personajes parecidos que brillaron pero nunca como la creación de Norman Pett. Un ejemplo de ello fue Male Call, una historieta solo para el ejército con un personaje muy parecido a Jane, además de Whiz Bang que ya de entrada fue considerada demasiado sexista y misógina, pero cuyo éxito ayudó a sostener a Fawcett Publications, el hogar de la Chica Petty y del héroe que luego se iría a la DC, el Capitán Marvel.

               Norman Pett con Jane y Fritz                

 

Eso fue todo por hoy, esperen a la próxima semana que hablaré de Humorama, Bill Wenzel, Bill Ward, Jack Cole y el arte erótico en la posguerra.