LA HISTORIA DEL CÓMIC ERÓTICO. Parte 3: Las Plumas Prodigiosas de Humorama

12 Octubre, 2016

LA HISTORIA DEL CÓMIC ERÓTICO. Parte 3: Las Plumas Prodigiosas de Humorama

Por Adrián Nieve

Bienvenidos a la parte 3 de la Historia del Cómic Erótico, continuamos con al revisión a momentos importantes en el desarrollo de esta rama de las historietas de las que no se habla con la misma soltura con que se habla de los superhéroes. En esta ocasión hablaré de la revista de bolsillo Humorama y los principales involucrados en ella: Los hermanos Goodman, Bill Ward, Bill Wenzel, Dan DeCarlo y Jack Cole. No olviden explorar los links para disfrutar los artes de los dibujantes y que si tienen menos de 18 será mejor que lean esto a escondidas.

Si aun no leyeron la parte 1 y/o la parte 2, pues ahí se las dejo.

Parte 3: Las Plumas Prodigiosas de Humorama

                

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos respiraba aires de triunfo y bienestar económico lo cual no solo se tradujo en esa sociedad al estilo Mad Men, quienes tan precisamente han sabido representar las idiosincrasias de la gente de entonces, sino que en el mundo del cómic se respiraba un aire de gloria, de ya no tener más grandes preocupaciones por las cuales sufrir y eso lo veías, especialmente, en historietas de superhéroes que aparecían por doquier y eran compradas como pan caliente. No solo Superman y el Capitán América se llevaban los laureles por ser símbolos patrios norteamericanos que los habían acompañado durante las penurias de la guerra, sino que en general estos productos se vendían tan bien, que empezaron a crearse todo tipo de superhéroes para aprovechar su repentina popularidad. Pero así como el mainstream se iba creando su lugar, el underground se preguntó dónde estaba el suyo. De pronto tenían un rol que llenar pero aun no existía una dirección general hacía un cómo ¿era necesario seguir con el anonimato de las Biblias de Tijuana? ¿o ya podían moverse a cosas más luminosas? El asunto era que el nacimiento del mainstream, en un sentido moderno, en el mundo del cómic tenía que traer la creación de su propio underground, pues después de todo no existe cielo sin infierno y viceversa, y es por eso que juntando las filosofías de las Biblias de Tijuana, los artistas pin-up y el trabajo de Norman Pett, y de manera menos anónima, empezaron a salir historietas llenas de escándalos, drogas en cada esquina, sexo satánico y mujeres lujuriosas que llevaban a jovenzuelos a la perdición del hedonismo. Así mientras los superhéroes comenzaban su reinado, a la par el cómic erótico seguía el legado no solo con las Biblias de Tijuana, sino que también con pequeñas revistas para hombres de temáticas parecidas y un atrevimiento si bien no igual de osado, al menos si apuntando a riesgos similares que las dichosas Biblias de Tijuana. Pero ¿qué fue lo que evitó, en cierta forma, que lo erótico se volviese simplemente pornográfico? Es por esta pregunta que nos encontramos con los hermanos Martin y Abe Goodman.

La historia de Martin es una fascinante aventura que tiene elementos como vagabundeo durante la Gran Depresión, aventuras que lo llevaron a fundar lo que luego sería Marvel Comics tras una larga y exitosa carrera en el cómic pulp. Una historia brutal que no relataremos pero que entra al caso porque Goodman tenía olfato para esto de las historietas y además de Timely Comics (futura Marvel), fundó una división de historietas picantes llamada Humorama, poniendo a cargo a su hermano Abe, quien contrató a artistas como Bill Ward, Bill Wenzel, Dan DeCarlo y Jack Cole para que contribuyeran a los diferentes títulos del sello. Solo esos nombres forjaron mucho de Humorama, pero la visión de los Goodman también fue clave para el desarrollo de una revista de bolsillo que promocionaba comics picantes y fotos de actrices y modelos pin-up como Bettie Page, Eve Meyer, Tina Louise, Julie Newmar y Lili St. Cyr, una revista que durante diez años sostuvo a Timely Comics y otros proyectos de Martin Goodman por ser de temática popular, barata tanto para el público como para su elaboración y fácil de pensar y realizar. Pero más allá del formato sencillo y colmado de humor picante, lo que hizo que Humorama fuera un tremendo éxito fueron los artistas contratados por Abe Goodman y su visión de cómo debía funcionar la revista, pese a que esta visión era más cercana al sexismo esquizofrénico que a lo erótico pues mostraba mujeres lindas en las figuras ya estereotípicas de las honeys, las dolls, las babes, dulces jovenzuelas poseedoras de curvas enloquecedoras pero que todas, con algunas excepciones, eran golddiggers, es decir mujeres que usaban sus encantos físicos y su, a veces, supuesta fragilidad para engañar a los incautos hombres y robarles o aprovecharse de su dinero. Así como, de la misma forma, los hombres, en su totalidad, eran representados como jefes lujuriosos, viejos verdes o donjuanes lascivos. No lo sabían entonces, aunque quién sabe, pero en Humorama hubo una conjunción de elementos que traían equilibrio erótico agradable que alejó al lector de la obviedad y lo llevó al sensual vértigo de lo misterioso. Lamentablemente, mientras Abe Goodman y Humorama presentaban estas historias, propias del Good Girl Art, Martin Goodman publicaba otras revistas para hombres que fueron cambiando la “inocencia” del Good Girl Art por imágenes cada vez con menos historia y exponencialmente más atrevidas hasta el borde la desnudez. Esto hizo que ambos tuvieran que encontrarse al medio y, por ende, el contenido de Humorama se hizo algo más atrevido pero ni así pudo sobrevivir, siendo una revista de humor ligero e imágenes más picantes que atrevidas, pronto fue devorada por otros productos del mismo Martin Goodman, su voluntarioso creador y asesino involuntario.

                     

Pero, rebobinando un poco hacia los días de gloria de Humorama, lo cierto es que medró y mucho, en gran parte gracias a los trabajos de los artistas que contribuyeron en ella y que fueron muy famosos en los diez años que estuvo activa, es decir desde mediados de los 50 a mediados de los 60. Estos artistas se especializaban en el ya mencionado Good Girl Art, que era cuando en la portada, o en los contenidos, de la revista ponías a una jovencita de apariencia inocente, escasa de ropa o con atuendos que resaltasen su figura cuyo objetivo era la estimulación erótica del público masculino. El término no hacía referencia alguna a la moralidad del personaje, pues por lo general eran mujeres tentadoras o rudas que interactuaban con los estratos más bajos de la sociedad y hasta con criminales, como quien habla con su abuela. El primero de estos artistas fue Bill Ward, creador de Torchy Todd, una de las más icónicas representantes del Good Girl Art, y que hasta contribuyó en historietas como Doc Savage y The Shadow. Ward ya tenía un amplio recorrido en el mercado de lo erótico cuando llegó a Humorama, por ejemplo con su personaje Torchy, quien debutó en Doll Man#8 de Quality comics y que luego de eso nunca estuvo quieta, apareciendo en muchísimas editoriales y revistas, o con otro de sus personajes Pussycat, todas sus historietas narraban aventuras alocadas o fantásticas que mostraban a jovencitas esculturales perdiendo la ropa sin querer o a propósito, mientras que también creaba cómics pornográficos como Stella Starlet. La tendencia de Ward eran las mujeres caricaturescas de senos enormes y cinturas estrechas, altísimas y tentadoras que el prolífico artista dibujaba a montones, y que prefirió por encima de una carrera dibujando a superhéroes cuando ya había trabajado con la familia Marvel de Fawcett Comics y, también, en una historia corta del Juez Dredd. Su estilo mezclaba el realismo con características caricaturescas, retrataba mujeres altas y colmadas de voluptuosas redondeces que les brindaba esa aura irreal que, también, estimula imaginación con su imposibilidad. El atractivo de la Chica Ward, en cuanto a lo erótico, no está solamente en lo visual, ni en los juegos de innuendos que el autor hacía en sus paneles; el chiste de la Chica Ward es que estaba más liberada sexualmente que otros personajes femeninos de la época, era una chica que parecía ingenua pero que era muy claro que buscaba esas situaciones de doble sentido, las gozaba a su manera y hasta tenía la confianza suficiente de mostrar su bisexualidad, en una suerte de liberación aun si esta nacía para complacer al público masculino.

                

Otro de los artistas que proliferaron en Humorama fue Dan DeCarlo, mejor conocido por su trabajo en Archie Comics y como creador de Jossie and The Pussycats y Sabrina, La Bruja Adolescente. DeCarlo empezó a trabajar en Humorama, donde hizo abiertamente lo que en Archie Comics hacía de ocultas: vender sensualidad. DeCarlo, quien se estrenó gracias a Stan Lee en Timely Comics, ya desde sus primeros trabajos, como Millie The Model o Sherry The Showgirl, demostró que era un amante de los diseños de personajes femeninos con largas piernas, ojos enormes y narices achatadas. Terminaría muy bien estacionado en Archie Comics siendo quien se puso el cómic a los hombros tras la muerte del creador Bob Montana y revolucionó el estilo de esta historieta dándole un poco de la sensualidad y voluptuosidad que a él le gustaba en sus propios dibujos. DeCarlo tenía este lado pícaro y picante que quiso explorar en publicaciones como Humorama, donde podemos ver más obviamente su lado más sensual y gracioso, pero el asunto con él no está tanto en lo que mostraba en Humorama o en los trabajos previos a Archie o que era un artista que se adaptaba al contexto y a la época, llegando al punto de mantenerse informado de la moda juvenil en sus tiempos como uno de los principales responsables de Archie Comics. Lo más importante de DeCarlo fue que lograba expresar con sutileza, en Archie, lo que los lectores de Humorama encontraban con mucha obviedad en las páginas de la revista de los hermanos Goodman.

                           

Por otra parte tenemos, también, a Jack Cole dentro de los nombres fuertes de esta década de actividad que tuvo Humorama. Más allá de sus artes sencillos con chistes de una sola línea para Playboy, lo que mejor define el tipo de artista que era Cole es su condición como creador del Plastic Man, el superhéroe que luego iría formar parte de DC Cómics y que ha envejecido tan bien como un vino. Tal cómo hacía su personaje, Cole estiró los límites de lo visual en los 40’s y nos trajo un personaje caricaturesco con ciertas características realistas que se movía en un mundo muy parecido. Si alguna vez vieron al Plastic Man y sintieron que su diseño era muy raro como para que lo paren a lado de, a ver, no sé, Batman, pues es porque el estilo de Cole era el de crear armonía juntando elementos que no armonizaban, cosa que no cualquier artista puede lograr. Esto es algo vital dentro la lectura de lo erótico. Lo cierto es que el erotismo tiene mucho de pillar algo que resuene en ti como sensual y lograr que tanto tu ritmo como el ritmo de la obra, o persona, a la que se ve con ojos eróticos logren estar en el mismo tempo. Además de eso, Cole no tenía miedo a experimentar y se salía de los parámetros de estructura y formato que se seguían a rajatabla en ese entonces, haciendo que su arte se sienta veinte años más avanzado en la mera década de los 40. Este tipo que aprendió a dibujar por cursos a correo se diferenció del resto de los dibujantes y escritores de su época, como Jerry Siegel y Joe Shuster, porque también creaba diferencias entre sus personajes, incluso los de fondo. Si en Superman veías a todos los hombres muy parecidos a Clark Kent, excepto por las gafas, era porque su cómic no era dibujado con el primor con que Cole le daba detalles al suyo, tanto así que los más expertos artistas lo elevan al nivel de Will Eisner y Jack Kirby. Con Plastic Man Cole causó sensación en los 40’s y por 14 años no hizo más que enfocarse en esta su creación. Pero para mediados de los 50’s se encontró en busca de algo que le reviviera las ganas de vivir y dibujar, encontrado sentido a la vida en su nuevo trabajo para Humorama. Ahora, lo cierto es que si hablamos en los términos de contribuciones a la revista, pues, no fue el artista más prolífico de todos los acá desarrollados, pero sí se puede decir que Humorama fue clave para que Cole desarrollase ese estilo que, luego, le traería mucho éxito en las páginas de Playboy bajo la visión de Hugh Heffner (de quien hablaremos en la parte 5). Un estilo de tintas fuertes, hecho como en acuarelas, caótico en cuanto a movimiento y formas definía a las “Féminas de Cole”, personajes de diseño suave y, de nuevo, colmadas de redondeces, pero que interactuaban con un ambiente más complejo y que exhibían expresiones realistas. Así Cole provocaba a su público con algo que era armonioso por la interacción de elementos contradictorios entre sí. Pero Cole no sobreviviría a sí mismo y, en misteriosas circunstancias, terminaría por tomar su propia vida en 1958.

                   

Finalmente, en cuanto a Humorama, tenemos a Bill Wenzel, el menos notorio de los acá desarrollados pero, definitivamente, el que más contribuyó con la revista de los Goodman. Wenzel seguía el patrón de la Good Girl Art, es decir muchachitas pechugonas, tiernas, de ojos grandes con personalidades pícaras que, finalmente, era lo que hacía que Humorama se vendiese tan bien. Pero, quizá, Wendel será más recordado por los dibujos que hacía para portadas de novelas eróticas en las que, solo con la imagen, daba una sinopsis adecuada que terminaba de ser rematada con los disparatados títulos de erotismo, digamos, un poco más vulgar (pero no por ello menos excitante).

Humorama era una revista sencilla, pequeñita y que se hacía sin reflexionar demasiado, pero eso no le quita una importancia valiosa, no tanto por su propia existencia, como por los artistas que en ella colaboraron. Desde Ward que jugaba con los deseos inverosímiles mediante una estética de lo imposible, pasando por DeCarlo que se llevó las lecciones ahí aprendidas a redefinir cómo se vende la sensualidad de la manera más sutil en una publicación más bien ñoña como Archie, hasta Cole que supo mezclar armonía con caos y realismo de la manera más sensual posible. Todos ellos establecieron el parámetro de que lo erótico no iba del lado de la obviedad de las Biblias de Tijuana, o de la construcción de una situación para generar un solo momento en que un personaje se libre de sus ropas, gracias a ellos los artistas fueron notando que lo sensual iba más del lado del juego, de cómo dibujaban a sus personajes, en qué situaciones, con qué palabras acompañaban cada viñeta y qué expresiones eran soltadas en específicos contextos para generar esa sensación como agua calmando la sed de una garganta seca, ese cosquilleo genital, esas ganas de relamerse mientras sigues viendo dibujos que te provocan a incurrir en un acto tan real como es perderse en el deseo sexual.  

                               

Eso fue todo por hoy. No se pierdan, la próxima semana, la parte 4, en la que hablaré de Don Flowers y sus Glamor Girls.