La Primera Vez Que Hice Popó en el Inodoro (Tenía 4)

19 Enero, 2017

La Primera Vez Que Hice Popó en el Inodoro (Tenía 4)

 

Por Rachel Bloom

(Rachel Bloom es creadora, protagonista, productora y guionista de Crazy Ex – Girlfriend de la CW. El artículo original fue publicado por The New York Times)

 

No hice popó en el inodoro hasta que tuve 4 años.

Sí. 4.

Hacía pipí en el inodoro, claro. Es decir, no era una rara ¿entienden? El inodoro podía tener todo el pis que quisiese. Pero mi popó, no. Hacer caca era mi momento sagrado y no estaba dispuesta a decirle adiós.

Recuerdo la noche. El año: 1991. El lugar: Los Angeles. Una noche como cualquiera, exceptuando que mis padres ya tenían decidido que ya era suficiente y tiraron a la basura todos mis pañales. Estaban hastiados de limpiar el trasero de una persona que podía usar oraciones completas, hastiados de mí haciéndome en el pasillo de los dulces en el supermercado en lugar de hacerlo en el inodoro del lugar, hastiados de su propio temor de que llegaría a la universidad todavía usando pañales. (Todavía no sabía que ser un “bebé adulto” es un estilo de vida fetichista. De haberlo sabido en 1991, ahora mismo mi vida habría sido muy diferente.) 

Todo el asunto, simplemente, no me parecía anormal hasta mucho después en mi vida. Creo que fue en secundaria cuando me di cuenta que mis padres no estaban siendo histriónicos; ser entrenada para usar el inodoro a los 4 es, de verdad, muy tarde. Creo que lo dije casualmente a un grupo de personas: “No fuí entrenada para hacer popó en el inodoro hasta mis 4” y, mientras las cabezas de la gente en la fiesta lentamente giraban hacia mí dije, en lo que se sintió como cámara lenta, “¿Eeeees eeeesoooooo raaaaarooooo?”

De vuelta a 1991. Como dije recuerdo la noche que usé el inodoro muy bien, más que nada por el hecho de que está filmada. Sí, mi madre grabó todo, con mi padre a un lado haciendo lo que ahora consideraríamos los comentarios del director. Eso puede sonar raro, pero tienen que entender: mis padres tenían una nueva cámara y de verdad querían probarla.

El video comienza conmigo en lágrimas, agarrándome la entrepierna, parada en nuestra cocina usando una polera gigantesca con el logo de la compañía de mi papá. Le estoy rogando a mi madre que me traiga un pañal y ella dice, con una voz sorpresivamente calmada, considerando que está cargando una cámara de 3 kilos: “Tiramos todo los pañales. Tienes que usar el inodoro ahora.”

Hay unos cuantos minutos más de ruegos llorosos, yo diciendo que nunca usaré el inodoro mientras viva y entonces – ¡CORTE REPENTINO A MI SENTADA EN EL INODORO! Ahora, así es como editas una escena. Estoy en el inodoro, pero aun no estoy haciendo nada. Estoy, como dicen los niños, “con el suricato asomando la cabeza”. Sé que mis padres ganaron, sé que el momento predestinado está cerca, pero todavía no deseo levantar la bandera no-tan-blanca de la derrota. 

En uno de esos momentos rarísimos mi madre, simpáticamente, pregunta: “¿Quieres que apague la cámara?” y yo le digo, con lágrimas en el rostro, “No” como si supiera que, años después, estaría escribiendo sobre ello. O quizás simplemente era rara. De todas formas, es buen cine.

¿Por qué estaba tan asustada? El miedo no estaba basado en nada tangible. No pensaba que el inodoro era un monstruo o nada como eso. Más bien era angustia existencial basada en el temor del cambio. Me gustaba mi vida, me gustaba ser una niña y, de alguna forma, usar el inodoro era el primer paso grande en mi camino hacia la oscuridad de la adultez.

Y también amaba hacer popó en pañales. De hecho, recuerdo vívidamente cómo se sentía. Y gente: nos lo estamos perdiendo. Hacerme en los pañales era el punto más alto de mi día. No me sentaba avergonzadamente en una esquina y hacía mis asuntos; ese era mi momento reflexivo. Recuerdo caminar por todas partes en pañales mientras hacía popó, soñando despierta, hablando con mis amigos imaginarios, pontificando sobre el significado de la vida. El acto relajante liberaba mi imaginación en maneras inigualables.

El pañal era parte de mi identidad. Era quien yo era. Así que en ese video, cuando finalmente me rindo y uso el inodoro, no solo veo en mis ojos el sentimiento de alivio. Veo el miedo a lo desconocido, miedo al cambio y, ultimadamente, a la muerte. Después, en el video, cuando recibo todos los regalos prometidos por mi progreso, todavía veo ese miedo entre toda la euforia generada por los sobornos. El inodoro era como los timbales en la marcha fúnebre del cambio, dándonos un ritmo mientras todos marchamos hacia nuestras tumbas.

Epílogo: ahora amo hacer popó en el inodoro. De hecho, en el set de mi serie de TV soy conocida por tomar frecuentes descansos para ir al baño. Hago esto no solo para metabolizar mi comida más rápido, pero también porque el inodoro es el lugar en el trabajo donde me siento más cómoda. Ahí puedo estar sola, organizar mis pensamientos y, por supuesto, chequear mi Instagram. Puedo sumergirme en el silencioso e introspectivo mundo de ser hija única por solo un momento hasta que alguien me mensajea “DND STS?, T MORISTE?, T NECESITAMOS EN EL SET”

Veintiséis años después todavía le temo al cambio, pero ahora acepto ese temor. Cuando grandes eventos de vida suceden, es natural sentir miedo. Tenía miedo cuando me comprometí. Tenía miedo cuando el piloto de Crazy Ex – Girlfriend fue aprobado. Y sí, quien soy por dentro cambió después de estos grandes eventos, pero fue un cambio que me hizo una mejor persona. El cambio es inevitable y si no peleas contra él, la vida eventualmente tirará tus pañales y te obligará a crecer.

 

 

 

Traducción: Adrián Nieve