Samurai Jack: El Fin del Estancamiento

29 Mayo, 2017

Samurai Jack: El Fin del Estancamiento

Han pasado 16 años desde el estreno de Samurai Jack y recién pudo llegar a su fin con tan solo 5 temporadas. Suena a poco para tanto tiempo y mucho tiene que ver su creador Genndy Tartakovsky bajando las manos el 2004 cuando Cartoon Network experimentaba una transición en cuanto a contenidos y Genndy no quiso apresurar la conclusión. Pero lo que la #RedacciónGorila piensa que no nos está confesando es que no tenía la menor idea de cómo terminar un show de historias aisladas, cíclicas y auto-conclusivas, pero que más allá de eso era uno que no se trataba tanto de qué narraba sino de cómo lo hacía.

Samurai Jack tenía esa estructura propia de los shows de Tartakovsky, como el Laboratorio de Dexter y Las Chicas Superpoderosas, que nos muestra un día cualquiera en la vida de los protagonistas sin nunca establecer una clara línea cronológica o continuidad de episodio a episodio, método empleado también por grandes como Cowboy Bebop. Así que cada semana veíamos a Jack encontrarse con una nueva raza o pueblo, interactuar con ellos, salvarlos y/o ganarse su respeto. A lo largo de 4 temporadas vimos a Jack capturado en ese loop eterno de aventuras, buscando cómo volver al pasado y destruir a Aku. Sabíamos que no lo lograría, sabíamos que Jack era ese ronin que viaja eternamente y nunca logra su cometido. En otras palabras, sabíamos que Jack estaba estancado. Y nos gustaba. Porque la premisa de Jack es muy sencilla: el bien contra el mal, el protagonista noble contra el monstruo diabólico. No es nada del otro mundo, ni nada que no podamos predecir en cuanto a la dirección que podía tomar la trama. Pero no nos importaba porque lo que hace grande a un show como Samurai Jack no es, necesariamente, su trama tanto como la calidad visual y estructural del show.

Samurai Jack es una caricatura para niños que se atrevió a ser algo más que solo eso. Cuando Tartakovsky presentó la idea a Cartoon Network les dijo que lo que él deseaba era crear el show ideal de acción, uno que tuviera narrativa visual muy estilizada, poco dialogo, buen arte y acción violenta y genial. Estamos hablando de una época en la que los shows de moda eran Pokemon, Bob Esponja, Rugrats y Yu Gi Oh, el año en que se estrenaron los Padrinos Mágicos y cuando solo faltaban dos años más para que terminen series como Sabrina La Bruja Adolescente y, justamente, el Laboratorio de Dexter. En otras palabras, la televisión infantil estaba plagada de ideas interesantes pero de animación muy pobre. Históricamente los animadores siempre han buscado formas de poder hacer menos a la hora de animar, es decir buscar maneras de no tomarse mucho trabajo en pequeños detalles que pueden mantener rígidos (es decir, no animados) sin perder la sensación de fluidez y movimiento para el público, pues esto no solo ahorra trabajo sino también el presupuesto que algunas producciones no tienen a montones. Por eso verán los mismos fondos al correr como en los Picapiedras, o muy pocas expresiones faciales o movimientos corporales en general.

Pero eso no pasaba en Samurai Jack.

Jack es un show de diseño minimalista, algo raro en su época, que manejaba recursos cinematográficos para crear una atmósfera. Sin sombras para generar contrastes y con muchas luces brillantes, se valía de un dibujo no realista y de colores simples, incluso un poco cuadrado. Es decir era un dibujo más bien sencillo, que no reparaba demasiado en detalles y que por eso tenía que construirse bien en cuanto a cómo era animado, para brindarnos una experiencia diferente en cuanto a movimiento, diseño y composición. Estamos hablando de una serie que la rompe en todos los sentidos de planificación del storyboard y que a la hora de componer cada imagen tenía notable armonía, balance, jerarquía, proporción, énfasis y contraste, que podía cambiar a estilos surrealistas solo para ilustrar mejor una pelea, sin hacerla necesariamente rara, siempre contribuyendo a que la acción se sintiese más emocionante, una animación que se daba el trabajo de hacer 33 movimientos en una sola sonrisa de Aku, un trabajo enorme considerando que le daban ese tipo de esfuerzo a todas las peleas que Jack tenía con su rival de turno. Ese esfuerzo extra en la animación y las perspectivas de cámara fue el primer punto que le consiguió seguidores a Jack, especialmente entre los adultos; se notaba a leguas que estabas ante un producto distinto que aun si no notabas que se daban un titánico trabajo extra, si lo presentías de alguna forma. Entre las batallas, los paisajes, los mis-en-scene y las pantallas divididas tenías una experiencia cinematográfica muy completa y alucinante que algunos consideran dignas del propio Kurosawa, el maestro del movimiento. Y, bueno, no por nada Genndy dijo que la influencia principal de Samurai Jack era The Little Prince and The Eight Headed Dragon, una animación minimalista que marcó época por la atención al movimiento, a la banda sonora y a la composición de escena.

Pero el otro elemento que hizo de Samurai Jack algo definitivo fue su manejo de la atmósfera, particularmente a través de su uso del silencio. Cuando lo piensan Jack es una serie en la que no hay muchos diálogos, el mismo personaje principal casi nunca habla y la gran mayoría de los episodios comienzan con un silencio absoluto y la llegada a la acción, y al ruido, es lenta. Pasará mucho tiempo antes de que lleguemos al momento climático de cada episodio, que por supuesto es brutal y muy movido, con muchos ángulos de cámara y pantallas divididas que nos introducen a un ritmo completamente vertiginoso. Pero ¿por qué esto es importante? Piensen en otros productos de cine y televisión. Muy pocos están dispuestos a comprometerse con un silencio, la gran mayoría de lo que vemos responde a hacer algo vendible, fácil de digerir tanto conceptual como visualmente, así que nos entregan escenas ruidosas y simplonas que nos hablan y nunca se callan. Un ejemplo del buen uso del silencio lo tenemos en Superman (78) de Richard Donner, en el momento en que Superman agarra a Lois y lamenta su muerte antes de lanzarse a hacer correr el tiempo hacia atrás. Digan lo que quieran de ese recurso de trama, pero al menos el director tuvo el buen gusto de callarlo todo y dejarnos a solas con el dolor de su personaje. Recurso que, a mi parecer, subraya algo sin hacerlo histriónico. Tan solo piensen en las películas de Michael Bay, en ellos el silencio no existe y por ello tiene que recurrir a formas muy obvias para hacer notar las cosas y hacernos entrar en atmósferas que terminan por sentirse unidimensionales.

En Samurai Jack el silencio es una costumbre. Nos cambia el ritmo de lo que usualmente vemos y, lo notemos o no, nos inserta en una nueva perspectiva, nos obliga a verlo todo de manera diferente. Sin esperar ruido desde el inicio te vas adentrando en una atmosfera de apreciación al estilo artístico de los animadores, a su manera de narrar visualmente, a las particularidades en cada expresión y movimiento, forzándote a notar detalles visuales que van avanzando la historia casi imperceptiblemente, antes de terminar en una batalla brutal donde también hay pequeños detalles, movimientos y expresiones que crean una escena de acción contundente y divertida sin nunca dejar de avanzar en la historia. Cada interacción con el ambiente y entre personajes cuenta. Y mucho. Combinado con los pequeños saltos de estilo, los cambios de colores, las expresiones que aun minimalistamente expresan todo, tenemos un producto que abruma pero también complace.    

Esto sucede porque en Samurai Jack la narrativa visual es lo más importante, o casi tan importante como el movimiento, la animación. Es porque la historia que nos cuentan no solo está en lo que se dice, sino en todo lo que se muestra. La mayoría de las animaciones, y los films de comedia en general, particularmente los de Will Ferrell, Adam Sandler, Seth Rogen y todos los afines, se valen más de las palabras para avanzar la trama o para aclarar elementos de la historia. Tartakovsky y su equipo de animación hacen algo que el director Edgar Wright sabe hacer muy bien: decir poco y mostrar mucho. Es por eso que la historia cíclica funcionaba y tenía sentido. Cada episodio era una exploración visual, un universo de imágenes interactuando entre sí para entregarnos una historia simple, conmovedora y atrapante.

Para su última temporada la figura cambio, no en cuanto a calidad de animación y narrativa visual, mucho menos en los perfectos usos del silencio, sino que por fin esa narrativa cíclica muere para darle paso a continuidad de episodio a episodio, una mirada más profunda a Jack y su psique de soldado atormentado, de héroe que no puede cumplir su cometido. De golpe nos hicieron notar que todo ese tiempo dando vueltas infinitas que tanto nos encantaban del show le trajeron una tortura enorme al personaje, un protagonista que se sabía estancado y que ahora ya no podía lidiar más con ello. Y de qué forma nos lo hicieron notar, porque con los permisos respectivos del nuevo mecenas Adult Swim, podríamos haber tenido algo más exagerado, pero Genndy y su equipo lograron mantenerse sobrios, tanto a nivel de contenidos como visual. Nos trajeron una mirada a los mitos del personaje nostálgica que a la vez puede ser novedosa y refrescante, reexplora el mundo desde nuevos ojos y trae de vuelta a viejos personajes de una manera conmovedora y nada forzada que puede, fácilmente, wenganchar a viejos fans como procurarse nuevos.

Al final Jack nos narró una historia sobre empatía y adaptación a través de un personaje que nunca pierde su esencia pero que logra adaptarla a mundos extraños y situaciones tremendas. Un tipo sencillo que no lucha contra el cambio, que aun cuando está frustrado por su estancamiento, logra salir adelante al aceptarlo y adaptarse a él, sin traicionar su esencia ni rehúsandose a mirarse de otra forma. Y este mensaje adquiere más relevancia porque no tenemos a un personaje poniéndolo en palabras durante los minutos finales. Al final solo nos queda un silencio en el cual todos podemos entender la moraleja a nuestra manera, o tan solo perdernos en la belleza y emocionalidad del momento.

 

 

 

Yapa: