EN DEFENSA DE ADAM WINGARD

29 Agosto, 2017

EN DEFENSA DE ADAM WINGARD

La pregunta que se hacen los fanáticos del manga creado por Tsugumi Oba y Takeshi Obata, además del increíble animé inspirado por esta obra a cargo de Tetsuro Araki resuena alrededor del globo ¿Que le han hecho al lore de mi amada obra? Y tienen toda la razón, la redacción gorila concuerda que la adaptación es abominable, pero aún así cree que hay que reconocerle algunas cosas al director ¡BAJEN ESOS TOMATES, MALDITA SEA, CALMA Y ESCUCHEN!

El director es un  apreciado en los cuarteles gorilas por haber traído uno de los productos de terror más interesantes en la última década, la entretenida “You’re next” un gran giro en le género de los “asedios suburbanos” y haber sido el conductor de la narrativa en la también ya clásica antología VHS, desde entonces había hecho una reimaginación/secuela de Blair Witch, que no salió como se esperaba aunque de todos modos tiene un par de momentos que valen la pena.

Tras el estreno de la adpatación de Death Note, co producida con la cadena de streaming Netflix le han llovido críticas al director por parte de los fans, muchas justificadas y vamos a abordar eso en un momento más, pero en lo que refiere a adaptar material audiovisual asiático, podemos decir con toda la seguridad del mundo, que por lo menos ha dado un paso al frente en relación a sus colegas.

¡QUE BAJEN LOS TOMATES!

Tomemos como ejemplo el Ghost in the Shell de Rupert Sanders, vendido como una espectáculo visual que dejaría sin aliento tanto a los devotos de la original como al nuevo público, sin embargo lo único que hizo fue tratar de emular al detalle a la película original, pero con un tratamiento más de diseñador sin evocar la angustia psicológica que escondía cada cuadro, tomemos por ejemplo estos dos fotogramas; en el primero la atención por cuestiones de iluminación ni siquiera es el personaje, sino el colchón sobre el que está recostado, de igual manera el ojo se distrae con los cables y el techo y no hace reflejo de la misantropía y la alienación del cuadro original que evoca inmediatamente lo abatida que está Motoko Kusanagi por el monstruo tecnológico que representa la ciudad.

En este entendido Wingard nos ha traído de alguna manera (y no específicamente a nosotros, sino al público estadounidense) NO el Kira que merecemos, pero el que se necesita, si uno se enfoca en las diferencias culturales y de coyuntura actuales probablemente no pueda hallar al arquetipo de “estilo y cómodo aislamiento” que evocaba el original y nihilista Kira; con todas las balaceras y la angustia en los institutos estadounidenses, de alguna manera, nos parece hasta lógico que e director haya sembrado en ese jardín a su “socialmente incómodo” protagonista.

De la misma manera, la reivindicación de los derechos de las personas de color pudo haber afectado al originalmente misterioso e inmutable L, convirtiéndolo en alguien que tuvo que pelear por todo lo que tiene y que ante la posibilidad de perder su único vínculo emocional, obviamente peló cable de la manera en que lo hace.

También tenemos a la obsesionada “idol” estrella pop Misa Amane cuya actitud infantil, impulsiva y temperamento, no podían ser traducidos tal cual a una realidad de ficción americana que demanda personajes femeninos con más convicción y desapego.

Así es que Wingard en vez de acomodar la historia a un contexto que sabe que no tiene las mismas apremiantes sociales decide, nunca más correcto el término, no adaptar, sino reimaginar la historia de la death note, hace lo que puede con lo que le ofrecen y como veremos en la conclusión eso no es mucho.

Lo que no se puede perdonar por supuesto, es el obvio desconocimiento del material de origen, sus potencialidades y los caracteres más distintivos y fascinantes de sus personajes. Es la cruda realidad, lo expuesto no guarda casi ninguna relación con lo que se conoce, pero ese pecado no es primordialmente del director ni guionista, es parte del actual cinismo en la industria cinematográfica que le pone una etiqueta conocida o mundana a algo y espera que se consuma sin importar a que sabe, en ese entendido también apela a situaciones predecibles y descifrables, a la violencia gráfica, a lo hiper estilizado y las gratificaciones a corto plazo y lo peor de todo es que funciona; ahí tienen a la crítica aplaudiendo el departamento visual, aunque a la redacción gorila, los neones a lo Winding Refn en todo lo que sale ya nos está empalagando; ahí tienen a la película de Emoji o las comedias de Paul Feigg recuadando más que Baby Driver o Detroit.

Tampoco hubo una buena investigación, nadie hizo bien la atera y se redujo a la death note a un control remoto, un Deus Ex Machina que puede explicar las situaciones más inverosímiles y deja el ajedrez mental de los antagonistas originales de lado y lo reduce a un montón de amenazas con violencia física y persecuciones, imperdonable.

Para rematar el director en vez de apelar a lo poco positivo que pudimos observar nosotros, se refugió en la comodidad instantánea de las redes sociales despachando un montón de “Haters gonna hate” (Los odiadores odien) y burlas a los fanáticos detractores, cuando debería haber apelado de manera más serena inclusive a las opiniones favorables de los mismos Obata y Oba. Una actitud infantil y odiosa que sin embargo también tiene explicación.

Porque también se trata de eso, de generar controversia, provocar peleas en red, y hacer que la gente vea el film, aunque sea solo para ofenderse, que el ambiente de discusión se polarice y se pierda de vista lo bueno, que como dijimos es una traducción más correcta a la realidad donde se va a exponer el producto.

Resumiendo, el paso que da Wingard es valiente, el problema es que en cuestión de calidad, eso tampoco funciona, y es el strike dos para las adaptaciones de animé, copiar al detalle no sirve, narrar desde cero usando otro contexto tampoco, pareciera que el destino nos susurra al oído que dejemos en paz estas obras de arte, pero por supuesto, en un mercado que no tiene mucho la “crisis de imaginación” que se denuncia, sino que busca cosas para producir inmediatamente y mercados fértiles donde venderlo, podemos esperar muchas más adaptaciones desastrosas. Porque ya lo dijimos, en el gran cuadro no importan el desconocimeinto y poco respeto por la idea orginal. estas películas no están creadas para ser buenas, ni siquiera están creadas para ser películas.