READY PLAYER ONE, LA VERDADERA NATURALEZA DEL OASIS

3 Abril, 2018

READY PLAYER ONE, LA VERDADERA NATURALEZA DEL OASIS

Ready Player One es una película entretenida, bien pulida y narrada, bastante predecible al grado que a los cinco minutos podemos decir de que va a ir la cosa y nos extraña sobremanera de que al pobre Tye Sheridan lo hayan “type-casteado” como “el chico del visor” (X Men) y que a películas como a Black Panther le caiga a toda velocidad un 99% en varios sitios de revisión y a esta alrededor de 70%, es de locos.

La película no incluyó varias referencias del también entretenido libro de Ernest Cline, como nuestra amada banda Rush, las películas War Games, Monty Python and the holy grail y la misma naturaleza de los retos fueron variadas y resumidas para que puedan hacer las dos horas que dura este trip nostálgico que le dio a Steven Spielberg su fin de semana de apertura más rentable en una década.

Pero mientras nos adentrábamos en toda esta fanfarria 90’s y más que nada 80’s, nos dimos cuenta de la verdadera alarma que nos da Cline, sobre el futuro, y no estamos hablando de estar con un látigo de baba frente a una pantalla, cosa que varios autores se han cansado de advertirnos, pero que estamos haciendo en este preciso momento ¿No es verdad? ¿NO ES VERDAD?

Todo comenzó con una reflexión en la redacción más mona de la red sobre cuál era el público al que estaba dirigido la película, por supuesto a primera barrida de ojo podríamos decir que a los jóvenes y adultos por la explotación de la nostalgia, pero un joven o adulto promedio ¿Podría indentificar y disfrutar alusiones a Buckaroo Banzai o un juego de atari 2600? De masticar esa noción nos dimos cuenta de lo siniestro en la idea de que los jóvenes del futuro estén trendeando “la moda MartyMcFly” o usando chaquetas de Thriller, todo esto, porque apunta a un problema que hay ahora mismo, la nueva generación no tiene íconos de cultura popular contundentes a cuales adherirse estilísticamente y está reciclando todo lo que hizo nuestra época grande, y no es una apreciación presuntuosa y apresurada, el oasis como concepto abstacto es la prueba más contundente.

Tomemos en cuenta que la realidad de la película toma lugar en 2045 por lo que los personajes nacieron 2020; que la nostalgia de hasta 50 años atrás sea lo único que ha sobresaturado todos los aspectos de su existencia, salvo algún cameo de personajes de Halo u Overwatch es ultra bizarro, a niveles “The matrix”. Nos hace pensar hasta en las teorías de Phlillip K. Dick, sobre el hecho de que la realidad puede ser una simulación que alguien se sacó de la manga cuando la línea temporal real tocó los años 70s, madre del señor, vamos a necesitar pastillas para dormir.

Todo en esa generación, si vemos a los avatares de Percival y Artemisa y hasta a los personajes de nuevos juegos, son interpretaciones y traducciones burdas de cosas pasadas, aún en nuestro fandom actual productos como Teen Titans Go y My Little Pony tienen que enfrentar la ira de nostálgicos de tercera generación que nunca tuvieron contacto con las versiones originales de los 80s sino con las segundas o terceras versiones, todo esto es medio siniestro si te adentras en los estados mentales actuales.

Por supuesto en la película y libro hay una coartada filosófica, pues el oasis es la reflexión de las obsesiones de su creador James Halliday, pero eso no explica porque la generación del film (inteligente reflejo de esta) no tiene cultura pop propia, música, películas, shows o juegos fuera de lo ideológicamente empujado a sus psiques por el oasis. La vacuidad de su música, lo permeable de los productos pensados para crear satisfacciones a corto plazo ha permitido que el oasis infecte todos los aspectos de su vida.

Si analizamos solo el caso de la música pop contemporánea podremos ver como los mismos productores re enlatan las mismas tendencias una y otra vez usando cosas del pasado, creando un producto homogenizado que no tiene “sabor” alguno, al nivel de que gente como Frank Zappa ya lamentaba en entrevistas a fines de los 80s como los viejos productores sexagenarios de los 50s eran más osados que los nuevos “prodigios hipsters” de la música, que han decidido uniformar un sonido y pensamiento.

Es así que el gran villano silente de la película es James Halliday, que crea un horroroso vórtex de cultura popular retro para impermeabilizar el mundo del insípido futuro, cosa que a nuestro humilde criterio los productores actuales (sin tan altruistas intenciones) ya han estado haciendo por casi diez años, creando otro “oasis”, lleno de DJs, estrellas que dependen de su actitud y postura más de que lo que crean en concreto y arte confrontacionista subjetivo que no tiene substancia.

Los chicos ahora tienen cosas que disfrutamos mucho, Roblox, Fortnite, Gravity falls, pero nada de eso se ve no solo en este producto, sino en las prioridades de los que crean, por eso el mensaje poderoso que sacamos de la película, que muchos tildarán de intrascendente o inofensiva es CREAR, para evitar que los “que ponen etiquetas a todo” no lucren indiscriminadamente de nuestra nostalgia creando para ellos un verdadero oasis.