Descanse en paz Harlan Ellison

29 Junio, 2018

Descanse en paz Harlan Ellison

Por: Redacción Gorila

Falleció este miércoles 27 de junio en Los Ángeles california el que puede considerarse el maestro del relato corto de ciencia ficción.

Harlan Ellison, como muchos otros autores de sci fi de los alocados 60, fue eclipsado por la figura de Philip K. Dick. Sin embargo, sin menospreciar al maestro K. Dick, la voz de Ellison fue muy peculiar, ya que se alzó sobre el existencialismo y definió la batalla misma del hombre contra la máquina para ser el alfa que domina el planeta, inspirando así a la Skynet, la inteligencia artificial que toma conciencia de sí misma y flexiona a todos los robots como un solo músculo contra los humanos en Terminator.

“No tengo boca y debo gritar” es un relato corto que apreció en la revista If en 1967 y un año después ganó Premio Hugo  al mejor relato corto, la máxima distinción del sci fi. Luis Vigil publicó la primera versión en español en el número siete de la revista Nueva Dimensión, en 1969.

Otros relatos impresionantes del autor son “Quebrado como un duende de cristal” de 1962, “¡Arrepiéntete arlequín!, dijo el señor Tic Tac” favorita de la redacción gorila de 1965 obra cumbre del cyberpunk y “La bestia que gritaba amor en el corazón del universo” de 1969 entre cientos que deja el autor para dar fe de su increíble talento e inventiva.

Creador controversial y de un carácter muy fuerte, huyó de su casa a los 13 años y recorrió con una feria todo el medio oeste norteamericano antes de que la policía lo devolviese a casa. Siendo estudiante para 1956 ya había vendido casi cien obras a varias publicaciones.

En los 60, emprendió carrera como guionista de televisión en series clásicas como Viaje al fondo del mar, La hora de Alfred Hitchcock o El agente de C.I.P.O.L. Su primera novela, The man with nine lives se publicó en 1960.

Lo que diferenció a toda su obra de la paranoia anti tecnológica usual fue la búsqueda desesperada de autenticidad de sus protagonistas en un mundo de impersonalidad y apatía que puede ser traducida a cualquier época, incluyendo esta.

En un mundo muy parecido al nuestro AM, el robot que toma conciencia de sí mismo en “No tengo boca y debo gritar”, decide dejar con vida a solo cinco humanos atrapados en un laberinto, como venganza contra la humanidad por haber creado a las máquinas.

Mundos de fantasía y de reencuentro con la humanidad misma, los que creó el maestro al que le rendimos homenaje póstumo.