Spidey contra Spidey. Parte I: Tobey, tu amigable vecino bailarín

18 Junio, 2015

Spidey contra Spidey. Parte I: Tobey, tu amigable vecino bailarín

Por: Redacción Gorila

Por Adrián Nieve

Entre los fanáticos de Spider-Man hay uno de esos debates que encontramos en todas partes: el del huevo o la gallina ¿quién fue primero? ¿cuál quieres para cenar? No importa el enfoque, siempre será un debate inútil donde lo único que saldrá a la luz son las preferencias de cada debatiente y, siendo sinceros, no nos llevarán a nada. Pero, admitámoslo: es tremendamente divertido. Con ese espíritu, en la #RedacciónGorila, siempre nos andamos preguntando ¿Tobey o Andrew? Y solo esa pregunta nos detiene por días enteros mientras acaloradas discusiones se desarrollan, amistades se pierden, viudas son creadas y, bueno...es de nunca acabar. Por varias semanas en los pasillos de las Industrias Gorila solo se escuchan las recriminaciones de los malos perdedores, resuena el eco de los argumentos tardíos que gritamos por la mañana siguiente ya que solo se nos ocurren cuando llegamos a nuestras casas, luego de un pesado día de discutir y discutir y discutir, pues al parecer un mejor Spidey cinematográfico no puede ser definido.

Antes de empezar seré sincero, Andrew tiene más seguidores entre las filas gorilas, pero hay algunos que aun se resisten y claman que Tobey es y será el mejor Spider-Man de las películas. También seré sincero al confesar que yo soy del #TeamAndrew, pienso que fue mejor Peter y mejor Spider-Man, además que sus películas me gustaron más. Pero en medio de toda la sangre y vísceras con las que uno tiene que lidiar cuando llega el tercer día de discusión, pues se me ocurrió que quizá era hora de que alguno de nosotros se anime a darle una mirada más neutral. Y no se preocupen, no saldré con que gana Nicholas Hammond o el mejor  Spidey es Christoper Daniel Barnes, eso sería perder el tiempo de manera monumental. Así que ahí va. Spidey contra Spidey ¿cuál fue el mejor Spiderman del cine?

PARTE I: Tobey, tu amigable vecino bailarín.

Cuando Spider-Man se estrenó el 2002 no pensábamos que sería el heraldo de una época llena de películas de superhéroes. Desde el 99 que nos llegaban Batmanes y Supermanes que causaban revuelo y alborotaban a los fans pero no sería hasta el estreno del Spider-Man de Sam Raimi que Hollywood le vería el negocio a las películas de superhéroes. No era para menos, no solo rompió récords de taquilla sino que visualmente era uno de los más grandes triunfos en el cine de acción y suspenso gracias a las escenas de Spidey peleando o balanceándose por los cielos de Nueva York que nos dejaron complacidos y sorprendidos, con ganas de mucho más. Y Tobey estuvo a la altura del reto de hacerse un creíble Hombre (que) Araña con la ayuda de todos estos efectos, CGI y etcétera. Punto para Tobey. Nunca es fácil ser el primero en hacer algo así, quizá Tobey no lo sabía pero estaba estableciendo el parámetro que tendría que seguir todo otro actor que encarnara a Peter Parker.

Por suerte, para Tobey, contaba con la ayuda de un director muy experimentado en cine de acción y aventura: el legendario Sam Raimi, que antes nos había fascinado con Evil Dead y Army of Darkness, y que se hacía cargo de un proyecto que casi tuvo a David Fincher como director, hasta que este renunció porque el estudio no deseaba hacer una versión sobre La Noche que Murió Gwen Stacy como era el plan de Fincher (off-topic: sí, yo también quisiera ver eso). Raimi se hizo cargo de un guión que se venía haciendo desde los ochentas y le quitó pesos extras y detalles que lo hacían sentir muy sobrecargado de villanos (¡oh! ¡la ironía!) e historias de orígenes que entre James Cameron y David Koepp habían ido poniendo en todo el tiempo que estuvieron trabajando con la historia. Raimi se enfocó en el Duende Verde y en aprender a usar efectos por computadora, porque el gran Sam salía de su zona de confort, que son los efectos reales y fabricados a mano, para traernos la historia de Spiderman. Lo que tienen que entender de todo esto es que habían muchas cosas nuevas siendo experimentadas, cosas que después nos traerían un universo cinematográfico bien construido de la Marvel pero que entonces no era más que un sueño loco al que aspiraba Kevin Feige. Como dije, Tobey no lo sabía entonces pero él, junto a Hugh Jackman, eran una suerte de base para todo esto, el borrador de lo que Feige moldearía, después, en Robert Downey Jr. y Chris Evans.

Todo esto significa que Tobey no pensaba que su actuación era tan importante, para él era solo un trabajo más, de un personaje que nunca antes había leído y que aceptó solo porque disfrutó el guión, en otras palabras y no puedo decirlo de otra manera: lo hizo muy bien pese a, y justamente por, que nadie, ni siquiera él mismo, tenía demasiadas expectativas sobre el asunto. Y sí, los geeks, los nerds y todo tipo de fanáticos teníamos, efectivamente, las expectativas en alto pero tampoco teníamos un punto de comparción ni existía tanta presión como la hay hoy en día. Tobey, sin presión ni expectativas, más que darle su propio enfoque al Hombre Araña captó lo que su director quería, le dio una profundidad emocional a su personaje que Raimi había visto a Tobey hacer antes en The Cider House Rules y, esto lo digo en el mejor sentido posible, ese es el estilo Maguire, todos sus papeles tienen cierta fragilidad e ingenuidad conflictuada por personas o eventos que él no puede controlar y los actúa de manera muy parecida. Raimi quería el tipo de personaje que Maguire sabe hacer y Tobey hizo un gran trabajo porque no estaba interpretando tanto a Peter Parker y Spider-Man como a cualquier otro papel que le pudieran dar. Por eso es bueno remarcar que mucho de ese crédito del Spidey de esta trilogía de películas se lo debemos más a Sam Raimi, ávido lector y coleccionista de cómics, a diferencia de Maguire, que supo traer fragilidad a un héroe, cosa que no era muy pensada en ese entonces, pues en la pantalla grande, y en la chica también, los más grandes ejemplos de superhéroes era el intocable de Superman y el infalible de Batman. Ambos personajes muy divertidos, pero que en cierto punto podemos llamarlos aburridos por predecibles. Spidey no es así y Sam Raimi lo interpretó muy bien, dio buenas directrices que Maguire cumplió con mucha efectividad. Ok, bueno, exagerando un poquito en sus expresiones y sus escenas dramáticas, sí, pero igual lo hizo bien. Hoy nos burlamos de la actuación de Tobey, sea con memes o recordando el infame baile de la aún más infame película sobre Spidey: El Hombre Araña 3 y curiosamente aquí se aplica una frase muy famosa de la competencia: “o mueres un héroe o vives lo suficiente para convertirte en el villano”. Y eso le pasó a Tobey, su buena interpretación se volvió ridícula. Si en la primera nos dieron un buena película, en la segunda nos dieron una excelente película, la tercera de pleno apestó en todos los aspectos y hasta en los que no, vuélvanla a ver y se darán cuenta que sí apestaron.

Ahora, Tobey siempre actuó bien, pero en estas películas dependía demasiado de su director y de lo que le dijeran que hiciese y eso no extraña mucho de una persona que no conocía nada del superhéroe al que iba a encarnar y que solo lo conoció antes de la segunda película (lo cual explicaría lo tremendamente increíble que es Spider-Man 2). Pero parte de lo que hizo memorables tanto al Spidey de Maguire como al de Garfield son los actores secundarios. Las películas de Raimi tuvieron grandes aportes por parte de sus actores, en especial William Dafoe, Alfred Molina, Rosemary Harris y J.K Simmons, este último un grande como J. Jonah Jameson a tal punto que Marc Webb no quiso tomar el riesgo de recastearlo y terminó por eliminarlo de su versión del Hombre Araña ya que sabía que ningún fan aceptaría a otro que no fuera J.K. Simmons y Webb buscaba alejarse de todo lo que estuviera relacionado con la versión de Raimi. Mi punto es que todos estos actores le dieron más calidad a la película y en el proceso ayudaron a que el Spidey de Tobey sea buenísimo, pues el entorno también es importante. Los personajes de apoyo ayudan a que la historia tenga más sentido y fluidez, a que la trama principal se mueva a buen ritmo y a mantenernos entretenidos en el proceso. Porque hay un momento en que te cansas de ver llorar a Peter y, por suerte, puedes distraerte de ello en Norman Osborn u Otto Octavius, incluso en la tierna y aguerrida tía May o en la comedia que se nos brinda a través de J. Jonah Jameson. Pero, así como tenían un buen reparto para hacer un mejor Spidey, Maguire y Raimi a lo largo de sus tres películas también tuvieron ciertos personajes que fueron arruinados, como Harry Osborn o Gwen Stacy, incluso la propia Mary Jane ya que a nadie le convenció del todo Kirsten Dunst en este papel, por cosas como ponerla en la mítica escena del puente de Nueva York y hasta hay quienes se quejan de la escena del beso por estar muy parada en la línea de lo cursi y lo romántico (a mí no me miren, esa escena me parece genial), u otras cosas como que no cayó bien que volvieran a Flint Marko un sensiblon o, bueno, casi todo lo que la 3 nos dejó. Pero más allá del reparto y del director, enfocándonos solo en Maguire, admito que las más grandes quejas sobre Maguire suenan tontas. Es cierto, lo suenan. Pero bien pensadas no lo son. Hay cierto sentido en quejarnos de un Peter Parker demasiado callado, muy tímido y silencioso. Sí, sé que Peter en los cómics es así. Sí, he leído todo Amazing Spider-Man y, también, Ultimate Spider-Man, no estoy hablando por hablar. Peter puede que sea callado y tímido y silencioso, pero no tanto. Este enfoque de fragilidad que tenía Maguire le quitó al personaje una de sus caracteristicas más importantes: los malos chistes para combatir el miedo, quintaesencia del personaje. Y sí, sé que el Spidey de Tobey a veces lo hace, pero es que es tan intensa su fragilidad que, además de que no lo hace tanto, cuando lo hace no siempre lo sentimos.

Algo que sí debo remarcar es que hay una evolución muy genial de Spidey/Peter Parker, porque cada película de Raimi se trata sobre el crecimiento, así que no podía faltar la evolución del personaje que, lamentablemente, en el gran cuadro se pierde pues estos cambios son más notorios en todos los demás y no tanto en Peter. Claro, eso antes de la famosa escena del club de jazz que no sólo tardaron ocho días en filmar sino que el mensaje que Raimi quizá quiso comunicar se perdió en la ridiculez de un Tobey Maguire que pasó de ser angustioso y calladito a ser incómodamente arrogante. La poca notoriedad de su evolución hizo que su cambio debido al simbiote se sintiera forzado, ridículo y risible por ese salto súbito de niño obediente y educado cuyo único pecado es tener algo de culpa en la muerte del tío Ben a…bueno…eso.

Sí, Tobey hizo su trabajo y lo hizo bien. Tuvo la suerte de un reparto genial, un director maravilloso y dos guiones que respetaban el camino y la evolución de un superhéroe. Además Tobey encarnó a un Spider-Man más basado en el Spiderman clásico de la Era de Plata del Cómic, con ciertos toques modernos. Su Spidey era un alma vieja con mucha carga nostálgica que todos los fans acérrimos, o más antiguos, disfrutaron por, justamente, esa nostalgia que transmite. Nos gusta el Spider-Man de Tobey Maguire y Sam Raimi no solo porque fue el primero sino porque su caracterización apuntaba a despertar sentimientos por él que se amparan en el velo de la nostalgia de los fanáticos. Y en aquellos que no conocían nada de Spidey, tenían una historia sencilla y bien caracterizada, divertida y llena de accion y colores y por eso era un reto muy difícil  para Marc Webb y Andrew Garfield superar a este Spidey, tanto que, y adelantando un poco de la parte dos de este artículo, el que la logró fue Garfield y no Webb.