Porqué ser animador en Japón apesta

10 Agosto, 2015

Porqué ser animador en Japón apesta

Por: Redacción Gorila

Por Adrián Nieve

En la #RedacciónGorila nos encanta sentarnos frente al televisor de la sala de torturas para ver #DragonBallSuper (entre otras cosas) cada semana. Es el momento más esperado de la semana, tanto por guionistas como productores, extras, conductores, editores y hasta los pasantes (porque saben que un gorila distraído es un gorila que no les escupe el café en la cara porque no está bien hecho). Pero grande sería nuestra sorpresa el día de ayer cuando lo que vimos fue una animación pobre que hasta parecía hecha por fans y no por una gran compañía de animación como tendría que ser Toei. La indignación hedía en el aire (eso y los porotos que tanto le gustan al #BigGorila) y fue por ello que el Gran Mono mandó a un par de esclavos corresponsales a Japón para averiguar que #@!$ pasaba. Pero si bien ibamos preocupados por Dragon Ball terminamos enterándonos de un problema muchísimo más grave: ser animador en Japón no es una buena forma de vivir. Sí, puede que artísticamente estés viviendo un sueño, pero las condiciones de trabajo son poco más que una pesadilla. Ese fue el caso de Thomas Romain y Henry Thurlow, dibujantes norteamericanos que se mudaron a Japón pues la meta en su vida era trabajar en el anime que tanto aman. En un AMA, Thurlow explicó que mudarse a Japón, aprender el idioma y acostumbrarse a las diferencias culturales es la parte fácil y que la parte difícil es conseguir un empleo siendo extranjero y más difícil todavía es vivir de ello.

Cuando uno ve los animes se imagina que los que están detrás de esto tienen vidas felices y agradables y que su único problema es que la fecha límite les cae justo el día que sus novias les iban a mostrar algo llamado shokushu goukan. Pero no, lo cierto es que es una vida frenética donde los animadores corren de estudio a estudio en Tokyo tratando de entregar dibujos y escenas, todas los que puedan y esto se debe a que los estudios pagan una miseria a sus artistas. Thurlow cuenta que en su primer trabajo de animador en Japón ganaba un dólar por cada dibujo que entregaba y que al mes solo hacía 300 dolares. Ahora trabaja en un estudio mucho más grande, donde recibe una mejor remuneración: de 2 a 4 dólares por dibujo y, trabajando duro cada día, logra hacer 1000 dólares al mes, lo cual no paga ni siquiera el arroz. Es más, los animadores freelance en Japón ganan 10.000 dólares al año, monto que no alcanza para nada en un país tan caro como es el país nipón. “Si quieres trabajar en animes cool es el precio que tienes que pagar” puso Thurlow en su AMA, donde también escribió que la industria de animación japonesa es dura, incluso en los estándares japoneses pues sus animadores trabajan seis días de la semana, realizando por lo mínimo 10 horas de trabajo constante cada día, con tan solo 4 días libres al mes, en un ritmo que hace que los animadores japoneses tengan esos problemas de estrés de los que tanto se burlan los mangakas. Y, sin embargo, Thurlow es feliz. Según él, en Nueva York podía comprarse un apartamento, comer cada día, irse de joda todos los fines de semana tan solo con su sueldo de animador, o sea 40 dólares por escena animada. El problema era que se sentía asfixiado en lo creativo. Ahora su vida es miserable pero lo que produce lo hace muy feliz, confesó en ese AMA que hizo llorar a moco tendido a la #RedacciónGorila (un abrazo para ti, Henry).

El problema, tal como lo explicó Thomas Romain, es que los productores, directores y actores reciben un salario fijo durante la duración de la producción de un anime, lo cual motiva a que este tiempo sea reducido todo lo posible para que el costo total del anime no se dispare. El problema es que la mayoría de los animadores son freelancers, pues aun no se han ganado el derecho de ser de planta y reciben sueldos miserables. Solo un estudio ha podido pagar un sueldo fijo a sus freelancers y ese fue el Studio Ghibli (cuya calidad habla por sí misma de las ventajas de pagar bien a tus freelancers). Romain añade que no es que los estudios de animación sean unos malignos supervillanos que quieren lastimar a los animadores, en su mayoría son estudios pequeños que tienen que adaptarse al presupuesto de sus clientes y que no reciben mucho beneficio de las ventas y distribución del producto en una visión y estructura de una industria que no ha cambiado sus condiciones desde los años 60. Entonces tenemos a animadores freelancers que trabajan en todos los estudios que pueden para poder comer y pagar sus rentas, tenemos una industria que crece cada día y que exige más y más productos inmediatamente, pues quiere sacar todo lo que pueda para vender más. Pero se encuentran con que todos los animadores profesionales están ocupados intentando sobrevivir, así que se ven obligados a recurrir a animadores menos experimentados que recién están empezando o que animan como un hobby y que tienen que aprender todo de cero, quitándole calidad y continuidad a los productos de esta manera. Y eso si es que no recurren a estudios que no están en Japón, lo cual les quita trabajo a los animadores que están ahí y que de verdad necesitan el dinero. Todo esto solo para poder entregar episodios terminados a tiempo, a tal punto que los animadores llaman un milagro al mero hecho de que un episodio sea entregado antes de la fecha límite.

La industria de animación japonesa exige calidad a su realizadores pero paga poco y cobra mucho a los fans por el producto terminado. Quienes trabajan en ella están muy conscientes de esto. No hace mucho que salió un informe de la JAniCA (Japan Animation Creators Association) que consta de 123 páginas, de las cuales la mitad están destinadas a estas quejas acerca la paga miserable y otros problemas de la industria. Muchos de estos animadores recalcan que también son personas y quieren tener familias o comer bien por lo menos una semana, así que tienen que trabajar en varios lugares al mismo tiempo o renunciar a sus puestos y trabajar de cajeros en un banco o recepcionistas en hoteles de amor. En el informe se pueden leer las opiniones de varios animadores que concuerdan en que el problema son la paga, los horarios y la prisa con que se busca sacar cosas relacionadas a los temas o mangas de moda. El ritmo se vuelve tan vertiginoso que los artistas no tienen tiempo de darle buenos detalles a sus animaciones y terminan por entregar productos no profundizados, tan solo para cumplir sus fechas de entrega y poder comer esa semana. Creo que todo se resume en lo dicho por uno de los entrevistados para este informe pues no solo afirmaba que ama su trabajo sino que también opinaba que la industria del anime debería ser destruida.  

Así que ese es el problema, gorilitas. Fue por eso que esta semana la calidad de la imagen en Dragon Ball Super sufrió semejante bajón y lo malo es que es un problema de toda una industria que afecta, principalmente, a quienes la hacen posible. El gobierno japonés está analizando la situación, pues la animación trae mucho movimiento económico al país, pero mientras tanto solo podemos informarnos y compartir la información que consigamos para que otros también lo sepan y ayudemos a los animadores ahí, o para que no nos molestemos cada que Gokú salga mal dibujado.