El día que Radiohead le dijo f*#! you a la industria

29 Febrero, 2016

El día que Radiohead le dijo f*#! you a la industria

Por: Redacción Gorila

Por Adrián Nieve

Moría el 2007 sin mucha gloria, empezaba octubre y faltaba más de un mes para la muy hablada reunión de Led Zeppelin. Sería un año que, entre muchas otras cosas, trajo a Chris Cornell abandonando Audioslave, la popularización del Ipod de Apple, la inevitable decadencia de Avril Lavigne, además de ser el año en que Gnars Barkley, Nine Inch Nails y Panic! At the Disco eran los actos más populares mientras se fundaban bandas como Les Butcherettes, The Last Shadow Puppets y Mumford & Sons, entre otras. El internet ya era viejo conocido, no así las redes sociales para un público que se lanzaba a la novedad del Facebook, todavía recordando la moda pasajera del MySpace. Solo imaginen un tiempo sin Twitter, donde Facebook empezaba a tomar impulso en Latinoamérica, en que las tiendas de discos eran todavía populares y lo que opinaba Lilly Allen era importante para la prensa. Fue en un contexto así que, un 10 octubre del 2007, Radiohead estrenó su séptimo álbum In Rainbows, uno de los más controversiales, no tanto por su contenido como por factores comerciales que pillaron a la industria de la música por sorpresa. In Rainbows marcó un hito para la banda pues, entre muchas cosas, no solo era el primer disco que sacaban tras la finalización de su contrato con EMI sino que su estreno no fue, para nada, convencional. Dos años siendo trabajado, el anuncio de su salida fue un magro post en el blog de la banda en que anunciaban que en 10 días más estaría disponible vía web. Y no puedo remarcarlo lo suficiente: esto era tremendamente novedoso. Si bien no era la primera banda que lo hacía, sí eran los primeros de entre los perros grandes de la industria musical que se animaban a ello. Era una oferta genial llamada “Pay to download” en la que pagabas lo que quisieses para bajar el producto directamente a tu computador en formato mp3 con calidad de 128kbps. Podías dar todos tus ahorros, así como podías no dar un solo centavo por ello, en una época donde los sellos discográficos tenían ya estipulados precios estándar según la calidad o popularidad del artista, una época en que la lucha contra la piratería empezaba a atraer tanto a innovadores que querían ser los próximos responsables de algo como Napster, como a reguladores de la industria que empezaron a darles más importancia, movidos por su deseo de no perder un solo centavo de las ventas.

Radiohead tuvo esperando a sus fans por material nuevo por 4 años. Tiempo en que los integrantes de la banda descansaron de la presión, de las giras, de tocar las mismas canciones como monos hasta el hastío, dedicándose a proyectos independientes, contribuciones con otros artistas, o hasta enfocados en sus vidas familiares y personales. Hail to the Thief había sido un disco agotador y las giras no ayudaban con el cansancio y la saturación, así que por el espacio de dos años no hubo planes, ni intenciones de hacer nada con la banda pues ellos mismos sabían y presentían que estaban estancados. Su sonido amenazaba con volverse repetitivo y era opinión general de la banda que se habían acostumbrado demasiado a su zona de confort. El descanso se extendió hasta el 2005, año en que decidieron volver al estudio a ver si podían sacar algo nuevo e interesante, variando un poco la fórmula al despedir a Nigel Gondrich su, ya clásico, productor. Pero ni así lograban nada, no conseguían sacar un sonido que los convenciese y mucho menos un tema completo que los ayudase a salir del estancamiento en que se sentían hundidos. En esos bailes se fue un año que pasaron rumiando una venenosa frustración que no los llevaba a ninguna parte, y fue por eso que el 2006 hicieron un largo tour de conciertos para quitarse la presión de encima. Movida inteligente que les ayudó a divertirse de nuevo al tocar, ya no condicionados por el ominoso estudio que les recordaba su imposibilidad de componer algo que los satisfaga. Cuando volvieron – supongo – se sentían mejor, o quizá tuvieron alguna suerte de epifanía o alguna de esas cosas que te cambian la vida y la forma de pensar, el caso es que reenlistaron a Gondrich (en una escena que suena interesantemente intensa, amistosa e incómoda por igual) y Nigel, quizá un poco en venganza, tal vez porque es un productor que sabe sacar cosas de su gente, alquiló una mansión derruida y los hizo vivir, comer y grabar ahí. Movida que se probó efectiva pues así nacieron Bodysnatchers y Jigsaw Falling Into Place, dando forma a lo que más tarde sería In Rainbows.

Mientras tanto, en el mundo real, la banda daba entrevistas donde hablaban en contra de la visión con que Terra Firma manejaba sus negocios en la industria musical, y esto es importante porque inspiró a todo lo que pasaría después. Valiéndose apenas del hastío que sentían y que les producía terror ante la perspectiva de confirmarse estancados, ya con la idea de un disco siendo lanzado via web, Radiohead continuó componiendo pero con un diferente enfoque, buscando manejar formas de poder crear y presentar su nuevo álbum de una manera más…no equitativa sino comunitaria, apuntando a una idea que iba en contra del capitalismo que los sustenta. Y sí, igual sacaron una versión física, un vinilo, un box set, todos esos productos destinados a exprimirle la última gota de jugo al fanático obsesionado o especialista (o como quieran llamarlo) y eso no está mal, ni le quita ciertos méritos a la movida de Radiohead. Tan sólo piensen que el mismo Omar Rodriguez-López admitió que es importante eso de ganar dinero para vivir y seguir produciendo nuevos discos. El caso es que no solo deseaban que el álbum saliese para todo el mundo al mismo tiempo sino que todos pudiesen tener acceso a él. Esto significaba no solo pensar en las personas que no tenían acceso a internet sino en que la gente recibiese el disco sin que este sea masticado previamente por la crítica, buscando entregar algo impoluto a los oídos de alegres compradores que podían haber no pagado nada por uno de los mejores discos del 2007. Era algo único y bastante acertado, pues resultó en una estrategia que dio mucho de qué hablar por varios años, no solo por la movida per sé sino porque dicha movida incluía el lanzamiento de un disco alabado por la crítica, por la prensa, por los fanáticos y hasta por Bono, quien dijo que se necesitaba mucho coraje para buscar otra forma de conectar con sus fans. Porque, bueno, Bono, él sabe sobre ese tema de conectarse con sus fanáticos.

El contenido del disco es intenso y refleja mucho del momento que vivía Radiohead. Un momento que bien podía haber sido crítico o no. No importa. La cosa es que buscaban reinvención pues no sabían qué hacer de sus vidas y eso es lo que se escucha en In Rainbows. Es decir, crearon un disco muy introspectivo y de alguna forma trascendieron y se metieron a los nuevos ciclos de los que algún día tendrán que trascender. Al final una intención del lanzamiento via web fue unirnos en un nivel diferente al momento de recibir y entender la música de este álbum. Y mientras esto pasaba en las mentes de Radiohead y sus fanáticos, en el mundo real la gente se concentraba más en la movida del “Pay to Download” usada por la banda. Con Gene Simmons y Trent Reznor a la cabeza, se hablaba de un mal modelo de negocios, se tildaba a In Rainbows como una carnada para música de sonido de baja calidad, se acusaba a la banda de fomentar la piratería y de arrebatarle oportunidades de crecimiento económico a bandas más jóvenes al proponer un modelo de ventas que no favorece a artistas desconocidos. Fue un lío tremendo en el que todos quisieron dar su opinión acerca de qué era lo malo y lo bueno de esta “revolución” que Radiohead había iniciado, con una gran mayoría de artistas de sellos discográficos hablando en contra del disco por sus consecuencias económicas, mientras que el público y la fanaticada estaban concentrados en lo mucho que les gustaba la música, y la crítica intentaba recuperar el territorio perdido ignorando el ruido de los análisis monetarios y dando sus opiniones acerca lo que podían escuchar en el álbum a un público que ya no necesitaba que les dijeran de antemano si era bueno o malo.

Yorke admite que sintieron placer al decirle “fuck you!” al modelo clásico de negocios de la industria musical, y estudios posteriores demostraron que pese al modelo igual hubo piratería, dado que si bien solo un 38% pagó por el disco, y el 62% restante se lo llevó gratis desde la página, más fueron los que se llevaron ese mismo producto en torrents y otras formas de descarga pirata. Y de todas formas eso no afectó mucho a la venta del álbum, que en las ganancias que generaron, en ese 38%, obtuvieron más dinero que en todos sus discos previos combinados. Nada mal para un “fuck you!” que no solo probó que hay otros caminos sino que combatió a la piratería de la que se le acusaba de fomentar y que ya estaba muy bien establecida el 2007 como para necesitar la ayuda de una banda inglesa. Y la industria lo notó, entendieron que si bien las ventas legítimas debían reducir la piratería, en realidad son el interés y la consciencia de la existencia de un producto lo que más la promueven. Evaluando el impacto años después es notorio como la polémica del momento ahogó muchos aspectos positivos del modelo utilizado para lanzar el disco. Hoy por hoy, los analistas y críticos concluyen que es mejor explorar nuevas opciones legales para distribuir productos artísticos en pos de batallar la piratería. Pero lo importante no es eso, sino que In Rainbows no solo demostró que era posible vender sin precios fijos un producto pues algunos fans querían pagar más, como haciendo un guiño cariñoso a su artista favorito, un guiño íntimo que lo más probable haya pasado desapercibido por los mismos Radiohead, pero que aun así generaba un sentimiento diferente para el fan a la hora de adquirir el producto.

“No era un modelo, era una respuesta una situación” dijo Yorke en medio del tumulto del 2007 y nadie le hizo caso hasta mucho después, cuando se comprobó el éxito del modelo que nunca más volvería a ser usado por la banda inglesa. Ya después otros artistas empezarían a tomar formas alternativas de estreno y financiación de sus discos, como Amanda Palmer hizo con Kickstarter el 2012 alegando que “cada músico tiene que buscar su fórmula”. Pero eso ya es otra historia. Lo importante es que el disco sobrevivió a polémica y trajo de vuelta el sentimiento de hacerte tiempo para comprar un álbum por el sentido comunitario que esto traía al conectar a sus fans con el artista y entre ellos mismos, en una movida que hoy solo generaría bostezos pero que en ese momento logró mostrarnos a todos, de distintas formas, que estábamos estancados y que ya era la hora de trascender a un nuevo ciclo y así hasta que Mefistófeles nos arrastre, o nos salve algún coro de ángeles de este maldito embotellamiento.

 

- Artículo completo (con reseña del disco), disponible aquí

 

- Un estudio para complementar