A diez años de The Dark Knight

19 Julio, 2018

A diez años de The Dark Knight

Por: Kike Prieto

The Dark Knight tras una década de su estreno se ha convertido para algunos en el manifiesto del género superheroico, inclusive más que los mismos cómics que lo inspiraron. Es probablemente la primera historia que convenció a todos los bloques de consumo y crítica que se podía tomar en serio a un hombre con mallas y capa.

Al analizarla podemos ver que no solo es una marca indeleble en la historia del cine, sino en la de su propio director, pocos nos ponemos a pensar por todo el escándalo al respecto que esta es una de las pocas películas lineales de un genio con una inventiva y método tan enrevesado como Chritopher Nolan. El descenso de Gótica la caos debía ser narrado in crescendo, desde el primer robo espectacular del Joker al banco, en ese sentido, el genial Hans Zimmer también nos envuelve en esa tensión de conteo en reversa pero narrativamente hacia adelante al mismo tiempo. Un arte que la dupla refinaría en Inception y Dunkirk.

Aunque se ha celebrado muchos la aproximación “oscura” que le dio el director al género, y que fue emulada sin éxito (es duro admitirlo para un fan DC) por Zack Snyder en el universo expandido DC, uno no debe pasar de largo el hecho de que el héroe y el villano son solo los extremos de un panorama ya torcido, Gótica ya está perdida en un pozo de corrupción antes de que el héroe detone al villano, una tónica tan bien ejecutada por Nolan que ya habían descubierto autores como Grant Morrison o Jeph Loeb y que extrañamente no se volvió a usar en ese orden.

En ese sentido el villano es más la expresión de Gotham que su propio héroe, por eso lo resiste y él debe convertirse en el proscrito, el Joker es la expresión de la ciudad y hasta de la historia, por eso el villano interpretado con maestría por Heath Ledger ha perdurado tanto en el imaginario popular y ha hecho lo que hasta ahora ningún villano de cómic en la pantalla grande, con permiso de los encandilados por Thanos.

Los personajes periféricos están en igual manera muy bien logrados, con un dos caras interpretado por Aaron Eckhart que ni en el cómic es tan plausible y trágico, ponerlo al lado del de Tommy Lee Jones, con disculpas del último, es casi un disparate. Gary Oldman con su Gordon y Morgan Freeman están tan bien balanceados como el compás moral del film, que a veces hasta olvidamos que son el comic relief que pone en vergüenza a esa triste lista de protagonistas en otras películas.

Michael Caine una vez más es el invitado predilecto del director que como el luchador libre veterano, entra a media carta y termina robando show en cada minuto que aparece y con otras disculpas a Katie Holmes, Maggie Gyllenhaal es definitivamente la versión 1.5 de Rachel Dawes. Su muerte aunque anunciada en medio de una oración es uno de los momentos más secantes de todo el género.

Y como intuyendo esta nota, es el propio Christian Bale en las botas de Batman que debe ceder en esta entrega, a todo el cuadro, definitivamente más cómodo como Bruce Wayne; en la segunda entrega de la trilogía a duras penas tiene luz con el ajetreo de su contraparte, esto se salvaría para la resolución de la historia, que siendo justos no está a la par ni de la primera entrega. En ese sentido Batman es un extraño en esta gótica como en el cómic y sea deliberado o no, eso es también bueno.

Como nada es perfecto y la redacción más mona de la red no es tan cínica, hay momentos de la película que se elaboran hacia una resolución un poco plana, como el empleado que conoce la identidad de Wayne o todos los celulares de la ciudad convertidos en sonares, pero en este caso eso es buscar muy exquisitamente.

Vista por algunos como una alegoría a la “guerra contra el terror” de su época, tranquilamente puede ser adaptada a la manera poco ortodoxa y hasta ridícula de hacer política en nuestros días que hacen varios “huasones”, ni hablar de las millones de frases atribuídas al Joker y la retórica apropiada por varios aspirantes a anarquistas en red que deberían recordar que el experimento final del Joker falla miserablemente, porque cuando las cosas se ponen peludas, los humanos somos nomás unos moralistas.

En ese sentido la película perdura y dura y le debemos el legado de haber hecho que la historia de un niño rico que debe saltar por los tejados persiguiendo a un payaso haya sido tan sobria y tratada con tanto amor, es lo que la hizo, no los presupuestos, no las fórmulas, ni los nombres de grueso calibre.