Nefando: un rompecabezas de lo turbio

6 Octubre, 2018

Nefando: un rompecabezas de lo turbio

Por: Adrián Nieve

Duele saber que Nefando (Candaya, 2016) ha estado en este mundo desde hace dos años y que no fue hasta ahora que la pude leer. Más allá de mis excusas, me alegra saber que si finalmente pude hacerlo fue gracias a los esfuerzos de DumDum Editora, quienes se animaron a traer esta impresionante novela a los estantes de nuestro país.

Valiéndose de temas por los que te ignoran y vetan de las charlas de domingo (o lunes, martes, etcétera), Mónica Ojeda (Ecuador, 1988) propone una novela de lectura intensa y brutal. No es un libro complaciente, es un viaje fragmentario que se construye como un rompecabezas tan complejo como profundo. En otras palabras, es una novela con dimensiones que refuerzan la trama pero también la dejan atrás.

La historia de Nefando, un repaso a diferentes perspectivas de lo atroz, se desarrolla en Barcelona pero involucra a mexicanos y ecuatorianos siendo entrevistados por un escritor/detective que junta entrevistas que poco dicen del complejo mundo interno que vamos conociendo en los personajes. Al centro está Nefando, un videojuego de la Deep web –el internet invisible, ese lugar virtual que delata que el mundo es una realidad oscura- que junta a un grupo de anónimos intrigados por todas las implicaciones, significaciones e interacciones que descubren en el juego que han creado los protagonistas de la novela.

Ojeda logra construir un texto extremadamente filosófico y reflexivo, pero con estética, una suerte de armonía –o prosa poética, como quieran decirle- que habla sobre el caos y el silencio. Con mucho estilo y brutalidad, estructura su novela de tal forma que hace pensar en la segunda parte de Los detectives salvajes, combinada con La parte de los crímenes de 2666, ambas escritas por Roberto Bolaño. No solo por cómo se narra o qué cosas se narran, también por los personajes, sus situaciones y las ideas que surgen del choque del mundo interno y el externo.

Mientras todo esto sucede, descubrimos que nos hemos estado deconstruyendo a través de las peculiaridades de los personajes, cada vez  más cerca de lo que está detrás de Nefando –el juego, la novela-: los límites, los nuestros, los ajenos, del arte, de la moral. Ojeda no nos está invitando a que los definamos, más bien nos deja preguntas y conceptos para que nos los replanteemos, pero esta vez sin tantos miedos y recatos al estar empapados –quizá endurecidos- por las atrocidades narradas y las reflexiones de estos personajes que “no fueron víctimas de una monstruosidad sino de una humanidad; una humanidad abyecta que todos padecemos en nuestra carne y mente.”